El negocio de la droga no entiende de crisis. Cuenta con una clientela fija y 'da trabajo' a unas doscientas personas en Granada, que funcionan bajo el mando de los clanes que controlan la venta y el tráfico en la ciudad. Los camellos, vendedores finales, suelen elegir el entorno de los institutos o plazas en las que se congrega la gente joven para colocar las dosis de hachís y marihuana. Otras drogas más perniciosas para la salud, como la cocaína o la heroína, se venden en los domicilios dedicados a este delito y que se reparten por todos los barrios de la ciudad.